SABIDURÍA DEL BOSQUE Y SU NOCIÓN DEL TIEMPO

Los seres vivos, al margen de nuestra condición de personas, árboles, plantas, como miembros pertenecientes a la madre naturaleza, todos disponemos de un reloj biológico, familiarmente conocido, como “noción del tiempo”. Y no funciona a pilas, sino por pura química. Una química, capaz de regular con precisión los niveles hormonales, el sueño, la temperatura corporal y el metabolismo en unos, y los cambios de ánimo, el cansancio según la estación en otros.

 

Cuando nuestros estilos de vida, ritmos, etc se alteran, el reloj biológico se desajusta y se hacen presentes ciertas enfermedades. Por ejemplo, a finales de verano, el cansancio provocado por las altas temperaturas lleva a los bosques a transformar su colorido como preludió de su necesidad de descansar; y sus hojas, comienzan a caer. Ellos padecen las inclemencias del tiempo, sus cambios bruscos mientras nosotros padecemos también por las decisiones unilaterales de unas pocas personas dirigidas a alterar el normal curso de las manecillas de nuestros relojes del tic-tac que a su vez confunden nuestros relojes biológicos.

 

 

En otras palabras… todos los seres vivos y cada uno de nuestros órganos tenemos memoria y da la impresión de que, árboles y personas recogen en su memoria cultural y/o genética esa expresión de que “una golondrina no hace verano”.

 

Esa memoria genética acumulada se manifiesta en mil y una maneras de sabiduría tanto popular como de la naturaleza. Y de ella se sirve para estar en condiciones de responder inteligente y prácticamente a las variaciones climatológicas y/o sociales.

 

Por ejemplo, al igual que los osos pardos, los árboles o las personas, todos hacemos acopio de sol y otras sustancias de reserva llenando nuestros tejidos de nutrientes hasta dejarlos “a tope”. Alacenas y despensas se llenan para estar en condiciones de iniciar el cambio de estación y prepararse para el invierno.

 

Su sabiduría es tan notable que les permite reconocer que las temperaturas en ascenso se corresponden con la primavera y en descenso forman parte del otoño que se aproxima. Por lo que especies autóctonas como el roble y el haya se adaptan al ritmo contrario del hemisferio sur, cuando por ejemplo, dichos árboles, son exportados al hemisferio sur. Hecho que confirmaría que esos fantásticos seres además de memoria biológica, ductilidad e inteligencia son sabios al servirse de su noción del tiempo para ajustar su follaje y proteger a sus descendientes. Ellos saben y deciden, si las semillas caen al sueño en otoño, o deben germinar inmediatamente, evitando así se congelen sus tiernos plantones y librándose de ser alimento de los corzos en los fríos días de invierno. También saben esperar hasta la próxima primavera para brotar como el resto de las especies.

 

Especies autóctonas brotando

 

En los árboles, el sueño tiene un efecto similar al que tiene en los humanos. Este es el motivo por el que robles o hayas plantados en macetas en nuestras casas no pueden sobrevivir. En tan limitado espacio no puede reposar, por lo que generalmente mueren incluso, en el primer año.

 

ASHES TO LIFE y su proyecto medioambiental a medida que ha incrementado su estudio e investigación en la búsqueda de alternativas capaces de paliar los daños múltiples de los incendios forestales, ha ido también aprendiendo a reconocer, respetar y amar los árboles y el bosque.

 

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Queremos devolver a la vida los bosques incendiados transformando parte de sus cenizas en productos ecológicos. #CUIDATUPIELYLADELPLANETA

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