EL BOSQUE: BANCO UNIVERSAL DE AIRE

El bosque es la primera empresa del Planeta. Su “negocio” consiste en captar y transformar los gases efecto invernadero de la atmósfera, concretamente el Dióxido de Carbono. Los árboles son sus gestores: atrapan el CO2 y generan oxígeno (su “producto). El carbono lo almacenan en sus tejidos, en las hojas, la madera, las raíces y despiden Oxígeno. Cuanto mayor es su biodiversidad más valiosos son sus fondos. Su meta empresarial es trabajar por la protección del medio ambiente. A su vez, generan economía a familias y empresas vinculadas al medio en compensación por los servicios ambientales prestados, asegurando la supervivencia y estabilidad de todos (naturaleza, colaboradores y atmósfera). Los bosques son un ejemplo vivo de economía colaborativa y circular frente al cambio climático.

 

 

Según el Informe sobre Calidad del Aire que la organización Ecologistas en Acción (@ecologistas) elabora cada año, casi 44 millones de personas (el 94% de la población) estuvieron expuestos en 2016 a niveles de contaminación que superan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud. El origen de este problema en nuestras ciudades se encuentra principalmente en las emisiones originadas por el tráfico rodado, a lo que se suman en mucha menor proporción las causadas por las calefacciones, así como las ocasionadas por el tráfico marítimo y aéreo en aquellas ciudades que disponen de puerto y/o aeropuerto. Así mismo, en determinadas ciudades puede también resultar relevante el problema causado por algunas industrias (centrales energéticas, refinerías, cementeras, incineradoras,…).

 

 

Problema causado por algunas industrias en la calidad del aire

 

 

La contaminación atmosférica incide en la aparición y agravamiento de enfermedades de tipo respiratorio, así como otras asociadas como las vasculares y los cánceres. Según los últimos datos de la Organización Mundial de Salud (OMS), la contaminación ambiental causó 3 millones de muertes sólo en el año 2012. La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) calcula que por esta causa fallecieron en 2014 en Europa hasta medio millón de personas. En el mismo año, en el Estado español se produjeron hasta 30.000 muertes prematuras relacionadas con la contaminación atmosférica. El coste económico de la mortalidad prematura y de la pérdida de días de trabajo por la contaminación del aire ambiente y en el interior de las viviendas, ha sido cuantificado por el Banco Mundial en 38.000 millones de euros en 2013, equivalentes al 3,5 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) español, sin considerar los daños provocados a los cultivos, los ecosistemas naturales u otros bienes de cualquier naturaleza.

 

 

No somos aire sino agua, pero curiosamente, vivimos de aire y en el aire. Y cuanto más puro sea el aire que respiramos, mejor vivimos. Ese aire puro se encuentra básicamente en los bosques, porque los árboles funcionan como filtros que detienen el polvo y demás contaminantes arrastrados por el viento. Ellos, los árboles, 259 hectáreas de bosque, en un año son capaces de filtrar 20 mil toneladas de material contaminante. O lo que es igual: cada 259 hectáreas de bosque producen el oxígeno para mantener vivas a 10 mil personas. Además de aire puro, el bosque nos regala aire medicinal; es decir con antibióticos generados por los árboles para defenderse de plagas y hongos; al respirarlo lastima a las bacterias nocivas en nuestros pulmones. Como generadores de oxígeno no podemos olvidar que cada ser humano consume 900 gramos diarios.

 

 

 

 

La importancia de respirar un aire limpio está fuera de toda duda. Basta con aplicar el sentido común o, por supuesto, con sentir el bienestar que ello supone para el organismo, para entender su gran valor. Por ello, adentrarse en el bosque es darse una cura de salud; es llenarse de aire puro a bocanadas ayudando a nuestros pulmones a ver, oler y saborear la Naturaleza. Y no simplemente por el hecho de inspirar profundamente el aire limpio, sino por el potencial efecto que tienen los conocidos como baños de bosque. Esta práctica, popularizada en Japón en los años 80, persigue mejorar la salud humana con paseos por la naturaleza. Tanto es así, que investigadores del Nipon Medical School de Tokio afirman que caminar con regularidad en el bosque puede alargar la esperanza de vida hasta 7 años, e incluso puede activar las llamadas células asesinas del cuerpo que luchan contra los virus y contra las células cancerígenas.

 

 

Respirar aire limpio y sin riesgos para la salud es un derecho inalienable de todo ser humano. Por eso, reflexionar sobre la manera en que habitamos las ciudades, y apostar activamente por un modelo de urbanismo sostenible, es hoy un reto global ineludible. Mejorar la gestión de los bosques ofrece oportunidades para reducir la vulnerabilidad actual y futura al cambio climático. Invertir en el “Banco Universal del Bosque” es garantizarnos una rentabilidad de presente y futuro.

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Queremos devolver a la vida los bosques incendiados transformando parte de sus cenizas en productos ecológicos. #CUIDATUPIELYLADELPLANETA

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