LA NATURALEZA: FUENTE DE INSPIRACIÓN

La naturaleza, es el sistema vivo por excelencia. Gestiona, se sirve y recicla sus recursos de forma eficiente y continua. Todo en ella está calculado. Todo pasa por algo y todo se aprovecha. Con casi 4.000 millones de años de experiencia, la vida y los organismos del planeta son un excelente modelo a imitar en todos los aspectos de nuestra vida; En otras palabras, la naturaleza nos lleva millones de años de ventaja.

 

Los humanos hemos aprendido observando y sirviéndonos de la naturaleza, de modo que cuando vemos que algo funciona de forma eficiente en la naturaleza tendemos a copiarlo por diversos motivos, pero sobre todo, por la eficacia, ya que no deja nada al azar. Al contrario que en nuestra rutinaria forma de vida o en nuestra tecnología,  evidenciamos unas creencias absurdas desechando y dañando recursos necesarios y limitados, como si todo fuera nuestro. Para aquellos de nosotros más perspicaces, sensibles y respetuosos, la naturaleza siempre  ha sido un referente y la principal fuente de inspiración que ha posibilitado el avance de la humanidad y ello también a lo largo de la historia.

 

Durante millones de años animales, plantas y microbios, a través de la evolución, han desarrollado mecanismos biológicos para hacer frente a los retos del entorno, con el único fin de sobrevivir. Muchas de las cosas que nos rodean en nuestra vida cotidiana están concebidas o tienen un funcionamiento similar a cómo funciona en la naturaleza. Y es que ésta, la naturaleza, también es uno de los principales motores de la ciencia.

 

La idea de que los humanos pueden emplear diseños basados en la naturaleza no es nueva.  Hace más de 500 años, Leonardo da Vinci se basó en ella para estudiar  el vuelo de las aves, y más específicamente, los movimientos de las alas de los murciélagos; A partir de los cuales realizó múltiples y revolucionarios inventos que se convirtieron en los antecesores de muchos de los artefactos y tecnologías que el ser humano utiliza hoy en día. Detrás de sus ideas innovadoras precedían detalladas y curiosas observaciones y anotaciones  sobre diversos seres y objetos relacionados con los elementos como el aire, el agua y la tierra. Leonardo da Vinci, fue el crisol donde Naturaleza, Ciencia, Cultura y Arte se encontraron en una mente brillante que supo sacarle partido a la noción “saber ver” (saper vedere).

 

 

Leonardo da Vinci estudio de los movimientos de las alas de los murciélagos

 

 

Los términos naturaleza e innovación siempre han estado asociados en el conocimiento humano. Por ello, existe una disciplina dentro del campo de la ciencia y tecnología llamada biomimética (de bio, vida y mimesis, imitar), que es la ciencia que estudia a la naturaleza como fuente de inspiración, para el desarrollo de tecnologías innovadoras que resuelven aquellos problemas humanos que la naturaleza ya ha resuelto mediante los modelos de sistemas (mecánica), procesos (química) y elementos que imitan o se inspiran en ella.

 

Hace casi un siglo Antoni Gaudí advirtió: “el arquitecto del futuro se basará en la imitación de la naturaleza, porque es la forma más racional, duradera y económica de todos los métodos”. Y en esto, precisamente, consiste la biomimética: métodos de diseño y estrategias sostenibles inspiradas en la propia naturaleza.

 

La biomimética, también conocida como biomímesis, sigue los principios de la vida, que nos instruyen a construir de abajo hacia arriba, optimizar en lugar de maximizar, usar la energía libre, aceptar la diversidad, adaptarse y evolucionar, usar procesos y materiales amigables para la vida, entablar relaciones simbióticas y mejorar la biosfera.

 

Es evidente que la naturaleza y el universo le llevan al ser humano millones de años de ventaja en cualquier campo. Es por ello que resulta más conveniente aprender de  su conocimiento  ya que evolutivamente hablando, estas soluciones nos han mostrado su efectividad.

 

Son numerosos los descubrimientos e inventos modernos desarrollados por el hombre que están inspirados en modelos biológicos utilizados y perfeccionados previamente por la naturaleza. Por ejemplo, dentro del área de materiales, se está investigando la tela de araña por su combinación única de propiedades mecánicas: fuerza, extensibilidad (30 %) y, lo que es más importante, su resistencia  a la rotura, que hace que sea seis veces más fuerte que el acero y que pueda absorber una gran cantidad de energía sin romperse, aparte de ser biodegradable y reciclable. Estas características especiales hacen que la seda de araña sea de interés en diferentes campos, como la Medicina como sutura no tóxica de alta resistencia, o en la reparación de ligamentos entre otras.

 

En el campo de la óptica, se han desarrollado detectores de movimiento de alta velocidad y cámaras multidireccionales ultra delgadas del tamaño de una cabeza de un alfiler, basados en el ojo de una libélula que tiene unas 30.000 lentes, que reproducen cada una de las imágenes y las combina para crear una amplia visión de mosaico pudiendo detectar todo movimiento.

 

 

Ojo de una libélula

 

 

Resulta evidente que la biomimética es un claro ejemplo de que la naturaleza nos puede dar muchas respuestas sobre soluciones innovadoras dentro de la ciencia y tecnología. Por ello, debemos preguntarle e intentar imitarla, para avanzar hacia soluciones más innovadoras y sostenibles. Pero para que ésta, la naturaleza, pueda seguir siendo fuente de inspiración para el ser humano, resulta vital protegerla.

 

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