DICIEMBRE EN LA NATURALEZA Y EN LA MENTE COLECTIVA

El solsticio de Invierno, además de traernos la noche más larga del año, es uno de los fenómenos más celebrados en ambos hemisferios y con significados  muy cercanos. Etimológicamente, solsticio, deriva del latín sol, y “sístere”  que significa permanecer. Se corresponde con el instante en el que, la posición del sol en el cielo se encuentra a la mayor distancia angular del ecuador celeste. Es en ese preciso instante cuando nace y comienza a crecer la luz.

 

Muy probablemente, la transcendencia sociológica de este tiempo invernal, haya tenido mucho que ver con las privaciones de alimentos y su consiguiente necesidad de acumulación para sobrevivir a los meses de enero a abril, conocidos como “meses de la hambruna”. Era en ese periodo final del año cuando se llegaba a sacrificar a los animales para no tener que alimentarlos, por lo que prácticamente era el único momento del año para el suministro de carne fresca disponible. Por ende, la mayor parte  de vino y cerveza anual, también en ese corto tiempo se encontraba fermentada y lista para beber.

 

A lo largo de la historia, el solsticio de invierno por sí mismo, pudo haber sido un momento especial en el ciclo anual, incluso en el Neolítico. Eventos como el apareamiento de los animales, la siembra de los cultivos y la medición de las reservas entre las cosechas de invierno muestran cómo las diferentes mitologías y las tradiciones culturales han ido acuñando la importancia de ese periodo como se comprueba en diseños de finales del Neolítico y la Edad de Bronce, en los lugares  arqueológicos de Stonehenge (en Gran Bretaña) y Newgrange (Irlanda), cuidadosamente alineados y apuntando a la salida  del sol del solsticio de invierno. Consiguientemente, las interpretaciones de este evento en las diversas culturas de ambos hemisferios, bien pudieran tener con un enfoque pleno de sentido común: “dar la espalda” y olvidar la oscuridad, el error, el dolor pasado, que como bien dice el refrán: “agua pasada no mueve  molino”. Dejar atrás el error y renovarse para modificar nuestra posición anterior y encararnos hacia la nueva luz, como la mejor oportunidad que nos es dada para festejar y celebrar la vida que siempre retorna tras esas largas horas de oscuridad y temor.

 

 

 

Ahora y siempre, en este tiempo del solsticio de invierno, tanto en la Naturaleza como en la Sociedad, no importa el origen, ni la  edad, ni el estatus; Lo transcendente, lo universal es que todos los seres vivos somos vida en sus diferentes formas de expresión.

 

Diferencias que se manifiestan en las diversas representaciones icónicas y metafóricas según lugar, creencias y tradiciones. Todas ellas, llaman a poner la atención en el interior, en lo increíble, en lo que no se ve pero sabemos que puede acontecernos; Y es en ese enfoque de las “dos luces” cuando devenimos conscientes de nuestra vulnerabilidad y nuestra fortaleza al transcender las  temidas fronteras del tiempo  y de la oscuridad. En ese cortísimo intervalo de tiempo, es como si nos transformásemos en dioses atemporales, durante “unos nanosegundos de consciencia cósmica compartida con todos los que han sido en el hilo filogenético, los que somos y lo que serán”.

 

Dicho de otra manera, por “un instante” intuimos, sabemos, sentimos que ese 50% de “es imposible”,“es increíble” que acontece a la vista de todos, pero que solo algunos con buena visión y perspectiva son capaces  de captar; El otro 50% pone tanta  atención en el exterior,  en la tangibilidad, los excesos de acumulación, incluso la alegría sobreactuada, “como si” ello asegurase no tener que volver a vivir las horas y los meses de oscuridad, que acabamos de superar. En esos momentos más nos convendría armonizar la polaridad entre luz cegadora y oscuridad imposible y saber que la vida como la luz del Solsticio de Invierno, es un instante.

 

Instante, que habremos de saber memorizar en la consciencia individual, familiar y colectiva y asirnos a ella en los subsiguientes múltiples instantes no fáciles, que habremos de encarar y vivir el resto del año en un continuo proceso de altos y bajos, giros en una dirección y otra; instantes de encuentros y despedidas, alegrías y tristezas que conforman el gran carrusel de la vida. Esa montaña rusa que nos sobrecoge y obliga a abrazarnos al otro para superar la sensación de horror al vacío.

 

 

 

El nuevo año, como el carrusel inicia su trayecto tranquilamente, “como si” todo estuviera bajo control y los nutrientes y consejos acumulados fueran a durarnos y protegernos a perpetuidad; Pero no es así, de repente todo se acelera, va tomando velocidad y altura hasta lanzarte en una pendiente abismal. Y así una y otra vez hasta que perdemos el sentido, esa sensibilidad para saber cuidar la vida como nuestro más preciado bien.

 

Durante unos segundos, reímos, lloramos, deseamos que todo pare y volva la quietud. Si bien en el carrusel es posible, programar y frenar su parada, no ocurre igual en el transcurso de la vida, donde nuestra certeza es que no está en nuestras manos el control del programa de parada y arranque que nos permita detenernos a voluntad.

 

En el resto de los instantes del nuevo año, la luz y las sombras bailan y alternan  su trascurrir en tiempos  diferentes, quedando a cargo tanto de los seres humanos como del mundo natural, la responsabilidad intransferible de vivir de frente con coraje y sin perder la visión para seguir adelante, siempre adelante, cuidándose mutuamente para poder sobrevivir. Quizás sea esa la razón por la cual, en los días del Solsticio de Invierno, caigamos en cuenta de todo ello y, también  cargados de buenas intenciones  por unos días,  llevamos los árboles a casa para adornar nuestros hogares con la ilusión de retomar “aquella consciencia de nuestros antepasados” sabedores de los misterios de la Naturaleza y de la Vida, para con ello, y traer la luz a nuestras familias.

 

Porque así lo entendemos en ASHES TO LIFE, estamos comprometidos en cuidar de la piel no solo de las Personas sino de la piel del Planeta: los bosques. Esa piel, ese suelo boscoso, sostenedor de nuestra vida y perdedor perenne por nuestra negligencia en el mal trato que le deparamos. O dicho de otra forma, si retomamos esa etimología de la palabra solsticio a la que antes nos referíamos, ASHES TO LIFE PROJECT es nuestra conciencia responsable que vela por los intereses de la Naturaleza para que ésta permanezca.

 

ASHES TO LIFE #CuidaTuPielYlaDelPlaneta

ASHES TO LIFE

Queremos devolver a la vida los bosques incendiados transformando parte de sus cenizas en productos ecológicos. #CUIDATUPIELYLADELPLANETA

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