EL AGUA, UN BIEN ESCASO QUE DEBEMOS CUIDAR

El agua, esa sustancia cuya molécula está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno (H2O), es imprescindible para el origen y la supervivencia de la cualquier ser vivo, incluidos los humanos. Culturalmente, con el término “agua” nos referimos a la sustancia en su estado líquido, aunque ésta también puede hallarse en su forma sólida (llamada hielo) o en su forma gaseosa (llamada vapor). Pese a ser una sustancia bastante común en la Tierra (recubre tres cuartas partes de la superficie del planeta), una parte mínima de este agua es apta para el consumo humano.

 

 

El 96,5% del agua de la Tierra es salada y se concentra principalmente en los océanos, mares y bahías. El 3,5% restante es el correspondiente al agua dulce. Pero del total del agua dulce, un 68% se encuentra “atrapada en forma de hielo (casquetes polares, glaciares y nieve) y otro 30% se encuentra en el suelo o en acuíferos subterráneos. Eso deja disponible para la mayoría de los seres vivos una fracción mínima, y los seres humanos no sólo utilizamos el agua para nuestro propio consumo, en casi todo lo que hacemos o producimos interviene el agua de alguna manera.

 

 

Parafraseando al químico francés Antoine Lavoisier en su ley de conservación de la materia enunciada en 1785, podemos decir que el agua “ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Y todo ello gracias al “ciclo hidrológico” por el cual, tras procesos de evaporación y posterior condensación, regresa de nuevo a la Tierra en forma de precipitaciones y nos permite disponer de este recurso natural insustituible. Concretamente, este ciclo hidrológico comienza con la evaporación del agua de la superficie terrestre a causa de la energía solar. El vapor de agua humedece el aire en su ascenso, se enfría sobre partículas sólidas y se condensa en microgotas que se unen y forman las nubes. Posteriormente, las gotas de agua se precipitan a la tierra en forma de lluvia, granizo o nieve dependiendo de la temperatura de la atmósfera. Finalmente, el agua acaba retornando a los océanos a través de diferentes cauces, donde se evaporará de nuevo debido a la energía solar. Es así como se cierra el ciclo hidrológico.

 

 

Centrándonos exclusivamente en la naturaleza y concretamente en este ciclo hidrológico, la calidad del agua vendría determinada por la erosión del substrato mineral, los procesos atmosféricos de evotranspiración y sedimentación de lodos sales, la lixiviación natural de la materia orgánica y los nutrientes del suelo por los factores hidrológicos, y los procesos biológicos en el medio acuático que pueden alterar la composición física y química de este elemento. Pero la calidad de este bien tan escaso no solo depende de estos factores naturales, también depende de la acción humana.

 

 

 

AMENAZAS PARA LA SALUD DEL AGUA

 

Los contaminantes constituyen la principal causa de la pérdida de calidad de agua en el Planeta. Entre los contaminantes más relevantes se encuentran los microbios, los nutrientes, los metales pesados, los químicos orgánicos, aceites y sedimentos, así como el calor, que también puede ser un agente contaminante al elevar la temperatura del agua. Las principales causas que alteran la calidad del agua son:

 

  • Desechos Industriales: Numerosas industrias vierten en ríos, canales y mares productos contaminantes derivados de sus procesos industriales.
  • Aumento de las Temperaturas: Cuando un ecosistema sufre temperaturas por encima de las habituales, las fuentes de agua disminuyen su cantidad de oxígeno, lo que altera su composición. Es por ello que el calentamiento global está afectando drásticamente a la salud del agua del Planeta.
  • Uso de Pesticidas Químicos: La gran mayoría de los procesos agrícolas actuales emplean fertilizantes y productos químicos para el cultivo y la producción de los alimentos. Estos productos se filtran a través de canales subterráneos que, en la mayoría de los casos, acaban en las redes de agua que utilizamos para nuestro consumo.
  • Vertidos de Petróleo: Los vertidos de crudo y sus derivados son otra de las grandes amenazas que altera la salud del agua. Tanto en su transporte como en su almacenaje bajo tierra, las fugas son frecuentes y provocan que las filtraciones entren en contacto con fuentes aptas para el consumo humano.
  • Deforestación: La excesiva pérdida de masa forestal (debida a numerosas causas como tala de árboles indiscriminada o los propios incendios forestales) contribuye a que el suelo deje de actuar como filtro y que los ríos, lagos y otras fuentes hídricas se sequen.

 

 

Como podemos ver en todas estas causas, la responsabilidad del ser humano es evidente, por lo que está en nuestra mano actuar si queremos cuidar la salud del agua de nuestro Planeta.

 

 

LOS BOSQUES, AGENTES ACTIVOS EN LA CALIDAD DEL AGUA

 

Tal y como exponíamos en el artículo “Fuego y Agua. Impacto de los Incendios Forestales en el ciclo hidrológico” los bosques desempeñan una labor fundamental que afecta de forma directa a la calidad del agua y, consecuentemente, al bienestar de las personas, pues nuestra salud está íntimamente relacionada con la salud del agua que nos proporcionan estos bosques.

 

 

Recuperando el antes mencionado ciclo hidrológico, en esa espiral de retroalimentación entre precipitaciones y evapotransporación, los bosques, por un lado, impiden el impacto directo de la lluvia sobre el suelo, bien porque lo hace primeramente sobre el follaje y el ramaje, o bien porque lo hace sobre la hojarasca o restos de materia orgánica que cubre el suelo.

 

Por otro lado, es importante destacar que los bosques actúan como una depuradora natural mejorando la calidad del agua. Una vez que ésta alcanza el suelo, tanto la masa forestal como la vegetación actúan como esponjas almacenando grandes cantidades de agua y permitiendo que el agua se infiltre lentamente por las distintas capas del suelo hasta alcanzar capas más profundas. Gracias a esa reducción de velocidad de infiltración, las raíces de las plantas y pequeños organismos son capaces de retener las partículas e impurezas presentes en el agua y permitiendo que llegue a las capas inferiores más limpia y con mayor calidad.

 

 

CONCLUSIONES

 

El Objetivo 6 de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) propone gestionar de forma sostenible el agua, y pone entre sus metas proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua, incluidas, las montañas, los humedales, los ríos, los acuíferos, los lagos y, por supuesto, los bosques.

 

En este sentido, el Proyecto Medioambiental ASHES TO LIFE Project que tiene como objetivo la restauración ecológica de bosques que han sufrido incendios se presenta, además de como una alternativa útil de mitigación y ayuda contra el cambio climático, como una solución innovadora para devolver la vida a esos ecosistemas forestales y por ende, como una acción de mejora de la calidad del agua de nuestro Planeta.

 

ASHES TO LIFE #CuidaTuPielYlaDelPlaneta

ASHES TO LIFE

Queremos devolver a la vida los bosques incendiados transformando parte de sus cenizas en productos ecológicos. #CUIDATUPIELYLADELPLANETA

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