EL ACEITE DE PALMA. RIESGOS PARA LA SALUD Y EL MEDIO AMBIENTE

El aceite de palma, también conocido como ácido palmítico, es un aceite de origen vegetal que se obtiene de la fruta de la palma (Elaeis Guineensis). Es el segundo tipo de aceite con mayor volumen de producción después del de soja. Su empleo como ingrediente en numerosos productos cosméticos está muy popularizado en nuestros días, pero ello se debe no tanto a sus propiedades benéficas para la piel como a su bajo coste como ingrediente que no encarece el precio final del cosmético. A lo que se suma su nocivo efecto sobre el medio ambiente.

 

 

El reglamento europeo de usos cosméticos (1223/2009), que entró en vigor en julio de 2013, define como producto cosmético a “toda sustancia o mezcla destinada a ser puesta en contacto con las partes superficiales del cuerpo humano (epidermis, sistema piloso y capilar, uñas, labios y órganos genitales externos) o con los dientes y las mucosas bucales con el fin exclusivo o principal de limpiarlos, perfumarlos, modificar su aspecto, protegerlos, mantenerlos en buen estado o corregir los olores corporales”. Dado que  ningún ingrediente utilizado en la elaboración de los cosméticos (activo, no activo, conservante, perfume,…) puede ser absorbido a través de la piel y alcanzar el torrente sanguíneo, limitándose su acción a la epidermis o a la dermis.

 

 

El aceite de palma, pese a no ser comercializado como producto en los supermercados, no solo es el aceite más utilizado en los alimentos, sino que su uso también está muy extendido en las rutinas de cuidado de la piel. Al margen de que la mayoría de los consumidores no sea consciente de ello, el aceite de palma resulta ser el ingrediente más común en numerosos productos cosméticos debido a su reducido precio.

 

 

Riesgos del aceite de palma en la salud y medio ambiente

 

 

En la industria cosmética, este aceite se utiliza básicamente para fabricar cremas, jabones, lociones, pastas de dientes, geles de baño, protectores solares,… ya que posee cualidades antiedad, limpiadoras y humectantes (propiedades que también aportan otros aceites). Pero más allá de sus mencionadas propiedades, un estudio realizado por científicos del gobierno de EE UU advirte que el palmitato de retinol (compuesto químico formado a partir de la reacción entre retinol y ácido palmítico) puede acelerar el desarrollo de tumores en la piel y lesiones cuando se aplica bajo la exposición solar.

 

 

Estos científicos han descubierto que el palmitato y otros derivados de vitamina A, presentes en numerosos cosméticos, pueden estimular el exceso de crecimiento de la piel (hiperplasia), y que bajo la luz solar, este palmitato puede formar pequeñas moléculas llamadas radicales libres que dañan el ADN. La evidencia de estos efectos, aunque no es definitiva, si resulta alarmante, ya que son muchos los fabricantes de productos cosméticos específicos para la protección solar, a los que se añade vitamina A en forma de retinyl palmitate o palmitato de retinol. Como por ejemplo; protectores solares, cremas hidratantes con SPF (factor de protección solar) y  productos protectores para los labios. Considerando que  nuestra piel no está únicamente expuesta al sol en verano sino a lo largo de todo el año y especialmente e ciertas áreas geográficas, como usuarios, y tal y como exponíamos en el artículo «Factores determinantes para la elección de un cosmético ecológico«, hemos de poner máxima atención, a los componentes de los diferentes productos  que aplicamos sobre nuestra piel; Ya que de no ser así podemos estar dañando gravemente la salud de nuestra dermis y epidermis.

 

 

Desde el enfoque medioambiental, las plantaciones de palma se producen fundamentalmente en Indonesia, Malasia y países de América Latina como Colombia. Por este motivo, tal y como aseguran fuentes de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), estos monocultivos intensivos están íntimamente relacionados con la deforestación de sus bosques tropicales y todo lo que ello conlleva.

 

 

 

Al margen del país o entorno, el cultivo de esta variedad de palma, está provocando la eliminación mediante quema, de grandes superficies de selva, eliminando junto con la vegetación, especies animales endémicas en peligro de extinción. Por ejemplo cabe destacar  la agresividad de la palma africana  con el suelo sobre el que se cultiva ya que tiende a monopolizar sus nutrientes, empobreciéndolo progresivamente. Lo que a su vez,  fuerza el desplazamiento de comunidades indígenas de sus tierras; quienes, en caso de acabar trabajando en tales cultivos, las condiciones a las que se ven obligados son de semiesclavitud.

 

 

Simplemente como consumidores sin ir más allá de nuestros propios intereses personales respecto del cuidado y salud nuestra Piel y la del Planeta, un primer paso decisivo es evitar comprar productos que contengan aceite de palma. Con este simple gesto, dejaremos de contribuir a  la destrucción de los grandes bosques tropicales, hábitat de numerosas especies y «sumideros de carbono» que retienen el dióxido de carbono (CO2), uno de los principales gases de efecto invernadero (GEI) causantes del calentamiento global.

 

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