EL ORIGEN DEL JABÓN

Las variedades más preciadas de nuestros jabones actuales no son, en el fondo, sino derivados de productos conocidos desde hace milenios. En la historia del jabón se entrelazan a menudo la literatura y la leyenda. Pero dejando al margen las primeras y centrándonos en la historia, existen documentos de culturas antiguas como la Babilónica, Egipcia, Griega y Romana, que hacen referencia al uso del jabón y que permiten entender la evolución de este producto desde su origen.

 

Tenemos evidencias de la existencia de algo parecido al jabón en la cultura Babilónica, concretamente en unos cilindros de arcilla que datan del año 2800 a. de C. Las inscripciones que aparecen en esos cilindros dicen que se fabricaban a partir de grasas y cenizas de plantas llevadas a ebullición.

 

Inscripciones cilindros de arcilla cultura Babilónica

 

Así mismo, se han encontrado documentos que acreditan su uso en la cultura Egipcia, una sociedad que tenía por costumbre bañarse regularmente. Es el caso del Papiro Ebers, uno de los más antiguos tratados médicos conocidos, redactado cerca del año 1500 a. de C y que representa la mejor fuente de información sobre medicina egipcia de la que se dispone. Los egipcios, usaban una pasta jabonosa de ceniza y arcilla mezclada con aceites naturales, resultando un recurso cosmético esencial para las capas más altas de la sociedad. Estos jabones, además de ser utilizados para limpiar el cuerpo, eran prescritos por los médicos para cuidar la piel.

 

Antiguos tratados médicos - Papiro Ebers

 

Por su parte, los Fenicios elaboraban el jabón con aceites y ceniza obtenida a partir de la combustión de plantas halófitas (plantas que viven en las salinas) como la salicornia o la salsola. Este jabón de ceniza lo usaban para limpiar los tejidos, costumbre que ha seguido practicadose hasta el siglo XIX. Durante un largo periodo de tiempo, en torno a tres siglos, los fenicios desarrollaron tratos comerciales por todo el Mediterraneo y, consiguientemente, con Europa antes de los tiempos romanos. Así que seguramente el jabón que elaboraban habría llegado mucho antes a las ciudades costeras como Nápoles, Marsella, Cartagena o Cádiz.

 

En torno al siglo X a. de C. los sirios de Alepo retomaron el método de fabricación ancestral de los Fenicios y comenzaron a elaborar jabón. Lo fabricaban a base de aceite de oliva y cenizas, a las que añadían una planta aromática para mejorar sus propiedades: el laurel. En esa época, ya tenían un buen conocimiento de las propiedades beneficiosas de las cenizas de las plantas quemadas y de su efecto alcalino (carbonato de sodio). Es en Alepo, donde se introduce por primera vez el proceso de saponificación. De este modo aparece el que se cree que es el primer jabón duro del mundo, dado que los anteriores tenían aspecto de pasta.

 

Al igual que el resto de sociedades antiguas, la civilización Romana también empleó el jabón. Así lo permite atestiguar el descubrimiento de unos restos arqueológicos hallados en la ciudad romana de Pompeya y que han sido interpretados como una fábrica de jabón.  El testimonio de Plinio el Viejo, autor del siglo I d. C., da fe, del empleo del jabón al hablar en uno de sus textos sobre los diferentes tipos de jabones que las mujeres empleaban para tratar sus cabellos. Este autor afirmó que fueron los galos quienes en el siglo IV a. C. inventaron el jabón. Consistía en un fluido espumoso obtenido hirviendo aceites con el agua procedente del lavado de cenizas. Otro autor clásico que nombra el jabón en sus textos es Galeno, del siglo II d. C. Éste autor lo identifica como un producto empleado para el lavado de las prendas y la higiene personal.

 

A pesar de estas menciones, los griegos y romanos más que jabón, solían emplear aceite de oliva para su aseo personal. Ellos embadurnaban su cuerpo con aceite de oliva, arena y ceniza. Posteriormente procedían a retirar la mezcla junto con la suciedad mediante un utensilio denominado “strigil”.

 

Utensilio denominado “strigil” cultura griega y romana

 

Con la caída del Imperio Romano y las invasiones bárbaras el uso del jabón en Europa entró en decadencia. Sin embargo, el mundo musulmán continuó investigando en su elaboración, y fueron los primeros en introducir la cal a las cenizas de la lejía. De hecho, la palabra álcali deriva del árabe “al-qali”, cuyo significado es ceniza.

 

Ya en el siglo VII surgieron los primeros gremios jaboneros en Europa institucionalizándose lo que podríamos llamar la artesanía del jabón”. Los maestros jaboneros guardaban con cuidado el secreto de su mezcla: aceites vegetales y animales, cenizas de ciertas plantas y, cómo no, las sustancias que le daban la fragancia apropiada. Pero estos jabones sólo estaban al alcance de las clases altas por su elevado precio debido a los grandes impuestos que incluían. Países como Italia, Francia y España fueron los primeros en entrar en el negocio del jabón ya que eran los que disponían de mayor cantidad de aceite de oliva.

 

Sin embargo en la Edad Media, los baños y la higiene brillaban por su ausencia. Esa sociedad se sirvió poco de aquellos beneficiosos hábitos de la época romana, donde los baños y la higiene eran algo esencial. Por aquel entonces, los baños en viviendas particulares estaban reservados a unos pocos; Únicamente la nobleza y algunas gentes adineradas podían tener acceso a este, y mucho menos al uso del jabón. Como consecuencia de esta falta de higiene, se originaron grandes epidemias como la peste negra del siglo XIV que diezmaron a la población.

 

La primera gran jabonería europea la construyeron los árabes a finales del siglo X en Al Andalus, Sevilla. En el valle del Guadalquivir, gracias a la existencia de grandes olivares y a la cercanía de las marismas, se podían obtener fácilmente las materias primas necesarias para fabricar el jabón, que cuatro siglos más tarde se conocería como Jabón de Castilla. Aún así en Andalucía se seguiría utilizando el nombre árabe Almona para referirse a las fábricas de jabón.

 

Recuperando y respetando este proceso histórico de fabricación del jabón en el que la ceniza siempre ha estado presente en las civilizaciones más avanzadas e incorporando el rigor científico actual, en ASHES TO LIFE desarrollamos nuestros jabones de ceniza en un laboratorio de cosmética ecológica. Las cenizas certificadas que utilizamos para elaborar nuestros productos también son de origen vegetal, concretamente provienen de cáscaras de coco. Esta ceniza aporta a la piel sus principios activos minerales así como su capacidad exfoliante. Además, la selección de cada una de las materias primas utilizadas en la elaboración de nuestros jabones se ha realizado cuidadosamente teniendo en cuenta la procedencia de cultivo ecológico, el origen autóctono de cada ingrediente y su valor cosmético.

 

Y todo ello, porque para ASHES TO LIFE innovar es mucho más que crear o incorporar novedades. Innovar es investigar en la historia y en la cultura para aprender de ella, e incorporar el rigor científico a sus productos para adaptarlos a las necesidades de la sociedad de nuestros días.

 

ASHES TO LIFE #CuidaTuPielYlaDelPlaneta.

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Queremos devolver a la vida los bosques incendiados transformando parte de sus cenizas en productos ecológicos. #CUIDATUPIELYLADELPLANETA

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